{"id":1252,"date":"2026-06-10T11:00:04","date_gmt":"2026-06-10T14:00:04","guid":{"rendered":"https:\/\/playmusic.com.ar\/?p=1252"},"modified":"2026-06-10T12:45:22","modified_gmt":"2026-06-10T15:45:22","slug":"un-adios-al-indio-solari","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/playmusic.com.ar\/?p=1252","title":{"rendered":"Un adi\u00f3s al Indio Solari"},"content":{"rendered":"<p>Un adi\u00f3s a Carlos &#8220;Indio&#8221; Solari, fundador y voz de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, fallecido el pasado 5 de junio.<\/p>\n<p>Se dice que la nostalgia no se corporiza expl\u00edcitamente en los objetos, sino que suele suscitarse a partir de la experiencia que tuvimos con ellos. Es decir, lo que el pueblo ricotero a\u00f1ora de Luzbelito o Gulp! no es la obra en s\u00ed misma, sino la emoci\u00f3n que despert\u00f3 aquel descubrimiento de esa rara avis art\u00edstico-pl\u00e1stica del rock argentino. Extra\u00f1a el hervor en la sangre al escuchar por primera vez los sinuosos riffs arabescos de Skay; siente la ausencia de la complicidad de su compa\u00f1ero de banco frente a esas melod\u00edas imposibles de encasillar o, peor a\u00fan, de rastrear en la tradici\u00f3n del rock nacional. En definitiva, el cuerpo del Indio Solari habr\u00e1 decidido alejarse, pero la nostalgia siempre mostrar\u00e1 sus cartas cuando vuelvan a sonar sus canciones.<\/p>\n<p>A pesar de haberse convertido en la cara visible de Patricio Rey y de haberle dado voz y argumento a ese ser insondable, Carlos Solari estableci\u00f3 desde aquellos incipientes y lis\u00e9rgicos a\u00f1os platenses un acuerdo t\u00e1cito con su p\u00fablico: su canal de comunicaci\u00f3n ser\u00edan siempre las canciones. La mejor prueba de esa determinaci\u00f3n inclaudicable fue, precisamente, el momento en que hizo p\u00fablica su enfermedad, hace diez a\u00f1os, ante 200.000 personas en un recital en Tandil. M\u00e1s all\u00e1 del estupor inicial, aquella confesi\u00f3n fue, ante todo, materia prima para una prensa siempre \u00e1vida de detalles privados sobre un artista que hizo del silencio y el claustro una forma de vida. Para su p\u00fablico, sin embargo, la historia era otra. Despu\u00e9s de todo, el h\u00e9roe de este l\u00edo estaba sobre el escenario dejando en claro que la tarea de Mr. Parkinson no ser\u00eda f\u00e1cil: \u201cNo me van a bajar as\u00ed nom\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>Pero apenas unos a\u00f1os despu\u00e9s, el Indio decidi\u00f3 hablarles directamente a sus seguidores utilizando ese lenguaje c\u00f3mplice. El lanzamiento de \u201cEncuentro con un \u00e1ngel amateur\u201d se convirti\u00f3 as\u00ed en una despedida paulatina y dolorosa, despojada de especulaciones y de cualquier atisbo de cripticismo. En tono confesional, advert\u00eda que hab\u00eda haza\u00f1as que ya no podr\u00eda cumplir. El Indio le cantaba la verdad a los ojos de su cofrad\u00eda e intentaba abrazar ese amor desmedido antes de marcharse cantando.<\/p>\n<p>Para comprender el alcance de este mito amplificado, conviene recordar las precisas palabras del periodista Mariano del Mazo -coautor, junto a Pablo Perantuono, de la indispensable cr\u00f3nica ricotera Fuimos reyes- acerca de la sensible y po\u00e9tica lectura que los Redondos hicieron del devenir pol\u00edtico y social de la Argentina a lo largo de los a\u00f1os. Supieron arengar la ef\u00edmera primavera alfonsinista entonando, en clave pop, \u201ca brillar mi amor\u201d; expusieron el despilfarro y la vanidad de los a\u00f1os noventa al sentenciar que \u201cel lujo es vulgaridad\u201d; y revelaron, desde la desolaci\u00f3n del nuevo milenio, que \u201cno da m\u00e1s la murga de los renegados\u201d, cuando la juventud apenas pod\u00eda vislumbrar un futuro abyecto y sombr\u00edo.<\/p>\n<p>La creciente masividad de la banda a comienzos de los noventa, sazonada con el hartazgo social de la \u00e9poca, termin\u00f3 convirti\u00e9ndose en un canal privilegiado para la liberaci\u00f3n de la rabia contenida. La violencia se impuso entonces como uno de los lenguajes de su tiempo, transformando cada fiesta ricotera en una odisea atravesada por la brutalidad policial y los estallidos de salvajismo. Sin embargo, esos episodios oscuros en la historia de los Redondos tambi\u00e9n sirvieron de excusa para quienes buscaban desacreditar toda expresi\u00f3n popular y revestir la cultura de saco y corbata. Olvidaban aquellos primeros recitales en los que la Negra Poli hac\u00eda sonar la &#8220;Obertura 1812&#8221; de Tchaikovsky para apaciguar a las fieras; ignoraban las refinadas referencias de Rocambole a la obra de Francisco Goya; y desconoc\u00edan que, mucho antes de que el propio Indio popularizara la frase \u201cel lujo es vulgaridad\u201d, Borges ya se la hab\u00eda dicho a Vargas Llosa en la austeridad de su casa porte\u00f1a.<\/p>\n<p>Mientras la mayor\u00eda de los grupos locales ansiaba conquistar el continente a trav\u00e9s de giras multitudinarias por Latinoam\u00e9rica, Patricio Rey afinaba su rock del pa\u00eds. Salvo algunas presentaciones en Uruguay, la banda forj\u00f3 su identidad en un recorrido itinerante que nunca desbord\u00f3 las fronteras nacionales, dando origen a un movimiento de masas en busca de ese hombre enigm\u00e1tico, altivo y locuaz que promet\u00eda comerse nuestro dolor.<\/p>\n<p>Los recitales de Patricio Rey -y, por extensi\u00f3n, los del Indio junto a Los Fundamentalistas- fueron una metamorfosis permanente. Pasaron del happening mesi\u00e1nico y subterr\u00e1neo de fines de los setenta, mientras la sangre manchaba la historia argentina, a convertirse en protagonistas del circuito cultural m\u00e1s vital del regreso democr\u00e1tico, con escalas decisivas en Cemento, el Parakultural y Obras Sanitarias. M\u00e1s tarde llegaron los estadios de f\u00fatbol, territorios dif\u00edciles de conquistar, y finalmente la procesi\u00f3n de unas huestes que, con el correr de los a\u00f1os, no dejaron de sumar adeptos a una religi\u00f3n singular: una que ten\u00eda un Mes\u00edas, pero no mandamientos.<\/p>\n<p>El Indio Solari escribi\u00f3, con una l\u00edrica inexpugnable, aquello que el tiempo terminar\u00eda convirtiendo en himnos de resistencia para los barrios desangelados, consignas que luego quedar\u00edan grabadas con tinta en la eternidad de los cuerpos. Eran m\u00e1ximas encriptadas sobre c\u00f3mo subsistir en un mundo que los relegaba a los m\u00e1rgenes del desarrollo. \u00bfQui\u00e9n no quiso ser esa bomba peque\u00f1ita saturada de sue\u00f1os? \u00bfCu\u00e1ntos n\u00f3mades taciturnos se cruzaron con h\u00e9roes del whiskey en noches en las que el amanecer se convert\u00eda en enemigo? \u00bfCu\u00e1ntos sintieron la vehemencia de una revoluci\u00f3n interior al descubrir que los vencedores tambi\u00e9n pod\u00edan ser vencidos? La prosa del Indio descans\u00f3 en aquello que Eduardo Galeano resumi\u00f3 como \u201cla capacidad de escuchar al otro\u201d. La musicalidad de su obra no dejaba espacio para los dogmas ni se somet\u00eda a la linealidad: era, ante todo, una invitaci\u00f3n permanente a la imaginaci\u00f3n y la libertad.<\/p>\n<p>El dolor empez\u00f3 a estremecer a muchos cuando su hist\u00f3rico compa\u00f1ero de aventuras, Skay Beilinson, public\u00f3 en sus redes sociales un c\u00e1lido mensaje: \u201cTe llevo en cada recuerdo, en cada canci\u00f3n de ayer\u201d. Las desavenencias tal vez duraron m\u00e1s de lo necesario, pero la aventura vali\u00f3 la pena: dej\u00f3 en el camino un pu\u00f1ado inabarcable de canciones que fueron -y siguen siendo- el fervor de innumerables corazones. Soldados de la contracultura, referentes inexcusables del rock de esta tierra hastiada de pasiones y suplicios y, ante todo, banda sonora de generaciones enteras; de pueblos, barrios, casas, dormitorios y cerebros.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil decirlo en este momento, pero el Indio estaba equivocado, al menos en su predicci\u00f3n sobre la muerte. Quer\u00eda irse en silencio, como Leonard Cohen, de manera austera. Pero no fue posible. La marea result\u00f3 m\u00e1s fuerte que su voluntad y el crepitar del dolor volvi\u00f3 a convertirse en canci\u00f3n. Los pogos empezaron a replicarse como peque\u00f1os terremotos y no hubo escala capaz de medir su magnitud: pertenec\u00edan a un orden de valores ajeno a lo terrenal. Porque la nostalgia volvi\u00f3 a jugarnos esa mala pasada y alg\u00fan ricotero, arrinconado en su soledad, volvi\u00f3 a sentir en el pecho el impacto de aquella primera vez en que escuch\u00f3 que la violencia era mentir; record\u00f3 el placer de las piernas m\u00e1s lindas que hab\u00eda visto y revivi\u00f3, en su coraz\u00f3n atribulado, aquella peregrinaci\u00f3n infinita hacia el encuentro dionis\u00edaco del placer comunal.<\/p>\n<p>Sal\u00fa, Caballo Loco. Es hora de que algunos potros salgan a galopar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un adi\u00f3s a Carlos &#8220;Indio&#8221; Solari, fundador y voz de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, fallecido el pasado 5 de junio. Se dice que la nostalgia no se corporiza expl\u00edcitamente en los objetos, sino que suele suscitarse a partir de la experiencia que tuvimos con ellos. 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